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viernes, 3 de septiembre de 2010

El valor de la experiencia

"La experiencia no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas que se han reflexionado.” José María de Pereda

Durante los últimos meses he recibido por parte de mis clientes una gran cantidad de relatos de historias personales y profesionales en donde me ilustraban sobre sus particulares modos de interpretación y afrontamiento de la realidad que les tocó vivir.

Reflexionando sobre ello, pensaba en que todos, a lo largo de nuestra vida vamos acumulado muchas experiencias de las cuales podemos servirnos. Y que, extrayendo de ellas los recursos necesarios, podemos lograr un gran desarrollo como personas, lo que nos permite afrontar con solvencia y flexibilidad cualquier desafío.

En nuestras propias experiencias reside la clave para actuar en forma eficiente. La programación neurolingüística o PNL, a través de modelos específicos, se orienta a rescatar recursos de nuestra experiencia, para mejorar en base a ellos nuestro desempeño personal.

John Grinder y Richard Bandler fueron los padres de la PNL a comienzos de los años setenta. Esta técnica de modelado es en sí un formato poderoso basado en la experiencia humana y la comunicación. Su origen se debe a la investigación sobre el comportamiento humano realizada por estos dos investigadores contemporáneos.

¿Cómo puede ser que dos personas con la misma formación y capacidad obtengan resultados tan distintos? ¿Cómo es que a uno se lo puede considerar excelente y a otro solamente competente?

Para responder tales preguntas, Grinder y Bandler elaboraron un modelo de los más grandes psicoterapeutas del momento, incluyendo a Virginia Satir, Milton Erickson y Fritz Perls, entre otros, quienes alcanzaban un alto grado de eficacia sobre el resto de sus colegas en los Estados Unidos.

Descubrieron tras su observación cómo funcionaban los mecanismos de excelencia, y comprobaron que la clave del éxito estaba en el empleo de procedimientos y patrones de comunicación específicos. Concluyeron finalmente que toda tarea humana aparentemente superior, por inexplicable que pueda parecer a primera vista, tiene una estructura que puede ser identificada y transmitida.

Lo que hace actualmente la PNL es identificar y describir el modelo de funcionamiento de cualquier habilidad especial o excepcional del ser humano, para que así pueda ser comunicada, comprendida y utilizada.

La PNL no se trata de técnicas extrañas o desconocidas, ajenas a nuestra conducta, sino de un proceso que permite conocer y utilizar de manera eficaz nuestro propio código de comunicación para conseguir las mejores respuestas y resultados en cualquier medio en que nos desempeñemos: social, afectivo, personal o profesional.

Así, cuando nos suceda algo y no podamos comprender fácilmente qué utilidad puede tener esa experiencia para nosotros, es necesario indagar haciéndonos preguntas: ¿Por qué me ha sucedido esto? ¿Qué he hecho yo para generar esta situación? ¿Cómo puede beneficiarme? ¿Qué puedo aprender? ¿Cuál es la señal y cuál la enseñanza? ¿Cómo transformarla en algo positivo?

La única forma de aprender es en base a las vivencias, y a lo que podamos extraer como enseñanza de ellas. Porque lo que se oye se olvida, lo que se ve se recuerda, pero lo que se hace es lo que realmente se aprende.

¡Abramos los ojos! Las experiencias tienen una reserva invalorable de recursos guardados. Por ello, nuestra misión es aprovecharlos, sabiendo que en ellos reside nuestro verdadero tesoro.

jueves, 29 de abril de 2010

Salir de la caverna

“Los seres humanos no nacen siempre el día que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a si mismos”. Gabriel García Marquez.

Los hombres habían nacido y vivido en la caverna encadenados unos a otros durante toda su vida, sin poder mirar más que al fondo en donde veían sombras proyectadas por una luz que no podían tampoco ver. De pronto uno de ellos fue liberado y arrastrado fuera de la caverna.

Pero estando afuera no pudo ver, le dolían los ojos, era mucha luz, y quería volver a la oscuridad de la caverna, pero no lo dejaron retornar. Así, poco a poco comenzó a vislumbrar siluetas, a definir objetos, comenzó a conocer. Cuando sus ojos se adaptaron a la luz empezó a descubrir cuanto le rodeaba, y en esencia los objetos que veía proyectados como sombras en la caverna. Entendió, despertó, y entonces pensó en que los hombres de la caverna solo veían sombras, y en lo terrible que sería volver ahora habiendo conocido la verdad.

Sin embargo volvió a entrar a la caverna, pero sus ojos ya acostumbrados a la luz no le permitieron ver. Sus compañeros de la caverna le juzgaron y ridiculizaron por la torpeza de haberse estropeado los ojos al subir. Y, si él intentase desatarlos y conducirlos a la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos?

Así nos presenta Platón en el Libro VII de la República, en su “Mito de la Caverna” la explicación alegórica de la situación en que se encuentra el hombre respecto al conocimiento, y de su viaje al descubrimiento de la luz, esto es, a su propio “nacimiento”.

Al mismo tiempo que nos muestra el paso del hombre de la ignorancia al conocimiento, Platón condena al hombre al decir que su pecado es creer que las sombras son la única realidad sin esforzarse por buscar más allá.

Como en el Mito de la Caverna, nuestra vida, muchas veces marcha a oscuras y vivimos creyendo que vemos la realidad, sin permitirnos detener por un momento su vertiginosa velocidad, para observar y analizar en qué sitio nos hallamos.

Pero, ¿cómo darnos cuenta de donde estamos si pensamos que esto es la realidad? Es necesario y hasta esencial estar totalmente despiertos para transitar nuestro camino con sabiduría. Y cuando hablo de estar despiertos me refiero a ese especial estado de receptividad del individuo, en donde la toma de conciencia de los acontecimientos y sus consecuencias es una actitud natural.

¿Quién se anima a salir, quién soporta el estado de permanente pregunta, quién se vuelve responsable por mostrar otra posibilidad?

Porque si permanecemos dormidos creyendo que las sombras que vemos proyectadas son la verdadera realidad, desperdiciaremos nuestra existencia siendo la ignorancia nuestro único patrimonio.

El coach está en la caverna y sabe que está allí; esto le da un gran poder para salir, cambiar, mostrar algo nuevo y ser instrumento para la creación de una perspectiva y una realidad diferente. Y si su compromiso es de pleno servicio entonces asumirá la responsabilidad de acompañar a otros a ver lo que las ataduras no le permitían ver. Pero aunque la decisión de cada "prisionero" sea personal…

…el coach está ahí para provocar, para preguntar, para mostrar lo que no se está viendo.

Sin embargo, es por ese temor a salir al exterior y ver un mundo nuevo que tendemos a aceptar lo que nos pasa ignorando todo lo que nos rodea; no cuestionamos, ni analizamos con detenimiento las cosas. Sin embargo hay personas como los coache que si logran hacerlo, que observan, se detienen a analizar y a reflexionar. Son las que han podido salir de la caverna y luchan día a día para llegar al verdadero conocimiento de las cosas.

Muchas veces –como en el mito- lo que hacemos con estas personas es señalarlas e ignorarlas. No las escuchamos, aparentamos escuchar, y no prestamos atención porque no queremos esforzarnos en reflexionar. Continuamos en la caverna, y la única posibilidad de salir de ella es enfrentando la escarpada subida y la luz que finalmente nos conducirá a un camino de plenitud y de conocimiento.

Es mediante un estado de permanente pregunta, reflexión y cotidiana actitud filosófica como podremos relacionarnos con el mundo y obtener una gran posibilidad de novedad y crecimiento. Respuestas tenemos ya muchas, más de las que podamos recordar, quizás sean las nuevas preguntas las que nos ayuden a cambiar nuestro mapa mental.

Le preguntaron una vez a Helen Keller cuál era, según ella, la peor de las desgracias humanas. “Tener ojos y no ver”, contestó.